Cuando se publica el dato mensual de inflación, la cifra que suele aparecer en titulares es la general. Sin embargo, Banxico e INEGI difunden al mismo tiempo una desagregación que separa los precios en dos grandes grupos: subyacente y no subyacente. No se trata de un tecnicismo menor. Esa división permite distinguir si el movimiento de los precios responde a una tendencia que se sostiene en el tiempo o a un choque puntual que probablemente se revierta. Leer ambas medidas juntas evita conclusiones apresuradas sobre el rumbo de la economía.
Qué agrupa la inflación subyacente
La subyacente reúne mercancías y servicios cuyos precios suelen reaccionar con lentitud a los vaivenes temporales. Incluye, por ejemplo, alimentos procesados, bebidas envasadas, ropa, calzado, vivienda, servicios educativos y otros rubros cuyo ajuste no depende del clima ni de un pico de demanda estacional. Al excluir los componentes más erráticos, esta medida ofrece una lectura más estable de la presión que se acumula en la economía.
Esa estabilidad no significa que la subyacente sea inmune a los cambios. Si el encarecimiento de un insumo se prolonga, termina por filtrarse a los precios finales y la serie subyacente lo recoge. Por eso los analistas la siguen con atención: su comportamiento suele anticipar si la inflación general se afianzará o si solo fue un episodio pasajero. En los comunicados oficiales aparece desglosada por mercancías y por servicios, lo que permite observar qué parte de la canasta está presionando con más fuerza.
Qué concentra la no subyacente
La no subyacente agrupa los componentes más volátiles: productos agropecuarios como frutas, verduras y granos, además de energéticos como gasolina, gas y electricidad. También incluye las tarifas de transporte y algunos precios administrados por el gobierno. Son rubros que pueden moverse con fuerza en un solo mes por una sequía, un ajuste de precios internacionales o una decisión administrativa, y luego corregir el movimiento con la misma rapidez.
Esa volatilidad no la hace menos importante. Al contrario: es la que el consumidor percibe de inmediato en el gasto diario. Un salto en el precio del jitomate o de la gasolina se siente en el bolsillo mucho antes de que la subyacente se mueva. La lectura útil consiste en revisar ambas series: la no subyacente explica el sobresalto del mes, mientras la subyacente indica si ese sobresalto se está convirtiendo en un problema más persistente.
Por qué conviene revisarlas juntas
Ninguna de las dos medidas es la verdadera por sí sola. Cada una responde a una pregunta distinta: la subyacente describe la tendencia de fondo, la no subyacente capta los vaivenes que el consumidor siente de inmediato. Cuando la inflación general sube pero la subyacente se mantiene estable, es probable que el movimiento provenga de un componente volátil. Cuando ambas se mueven en la misma dirección durante varios meses, la señal es más sólida y merece atención sostenida.
Un error frecuente consiste en tomar el dato general de un solo mes y proyectarlo como si fuera la tendencia anual. El índice acumula doce meses de mediciones y las bases de comparación cambian cada periodo. Un dato mensual alto puede moderarse en el acumulado, y uno bajo puede esconder presiones que tardan en aparecer. La lectura cuidadosa exige mirar la serie completa y el desglose por componentes, no solo el último número publicado. Entender estas reglas no convierte a nadie en analista, pero sí ayuda a discutir cifras públicas con más criterio.