Un diez por ciento suena bien hasta que se compara con lo que cuestan las cosas al año siguiente. La tasa nominal es la que aparece en un contrato, en un anuncio o en la pantalla del banco: el porcentaje pactado sin ajustes. La tasa real es otra cosa, y para obtenerla hay que descontar la inflación observada en el periodo. Ese paso, que parece menor, cambia por completo la lectura de cualquier rendimiento.
La resta simple y la fórmula de Fisher
La aproximación más directa consiste en restar la inflación anual del INPC a la tasa nominal. Si el instrumento paga un diez por ciento y los precios subieron alrededor de cinco, la tasa real ronda el cinco por ciento. Es una cuenta rápida que sirve para hacerse una idea general, aunque deja un margen de error que crece cuando las cifras son grandes.
La fórmula exacta de Fisher corrige ese margen: se divide uno más la tasa nominal entre uno más la inflación, y al resultado se le resta uno. En periodos de inflación moderada la diferencia entre ambos cálculos es pequeña y casi no altera la conclusión. Cuando las variaciones son fuertes, en cambio, conviene usar la versión exacta para no subestimar ni sobreestimar el efecto.
Qué significa un resultado negativo
Una tasa real negativa no es un error de cálculo: es la descripción de una pérdida de poder de compra. El saldo nominal puede crecer y, aun así, alcanzar para menos bienes que al inicio del periodo. Ese escenario aparece cuando la inflación supera al rendimiento pactado, algo que conviene revisar con las cifras publicadas por Banxico e INEGI y no con impresiones del supermercado.
El detalle que suele pasarse por alto es la periodicidad. Comparar una tasa anual con una inflación mensual, o mezclar fechas de corte distintas, produce resultados que no significan nada. Antes de restar hay que verificar que ambos porcentajes cubran el mismo lapso y provengan de fuentes oficiales comparables.
Una lectura prudente del dato
La tasa real describe lo ocurrido en un periodo ya cerrado. No anticipa lo que pasará con la inflación futura ni garantiza que un rendimiento positivo se repita. Tampoco dice nada sobre el riesgo del instrumento, la liquidez o las condiciones de acceso: son dimensiones distintas que la resta no captura.
Sirve, eso sí, para ordenar la conversación. Antes de celebrar un porcentaje alto, vale la pena preguntar cuál fue la inflación del mismo periodo y hacer la cuenta. Si el resultado es positivo, el ahorro conservó poder de compra; si es negativo, el número de la pantalla contaba solo una parte de la historia.